De Nápoles a Buenos Aires: cómo la pizza se convirtió en un clásico argentino
- Patragonia Pizzas y Empanadas a la leña

- hace 1 día
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Hay platos que pertenecen a un país. Y hay otros que viajan, se transforman y terminan formando parte de una nueva cultura.
La pizza es uno de ellos.
Su historia moderna está profundamente ligada a Nápoles, pero cuando los inmigrantes italianos cruzaron el Atlántico y llegaron a Argentina, la pizza también hizo el viaje. Y Buenos Aires terminó convirtiéndola en algo muy propio.
Todo comenzó mucho antes de la pizza
Los panes planos existen desde hace miles de años. Griegos, romanos y otras civilizaciones mediterráneas ya consumían masas de cereal cocidas con distintos ingredientes.
Pero fue en Nápoles donde la combinación de masa, tomate y posteriormente queso comenzó a tomar la forma de la pizza que hoy reconocemos.
El tomate había llegado desde América a Europa y, después de varias décadas de desconfianza, encontró en la cocina del sur de Italia uno de sus destinos definitivos.
Con el crecimiento de Nápoles, la pizza se convirtió además en una comida popular: sencilla, rápida y accesible.
Después llegó la inmigración
A finales del siglo XIX, cientos de miles de italianos llegaron a Argentina.
Y con ellos viajaron sus recetas.
La Ciudad de Buenos Aires reconoce que la cultura pizzera porteña comenzó especialmente con inmigrantes genoveses y tuvo uno de sus epicentros en La Boca. Con el tiempo, aquellas preparaciones fueron adaptándose a los ingredientes disponibles y al gusto argentino.
La transformación fue enorme.
Más queso.
Masas diferentes.
Fugazza.
Fugazzeta.
Pizza al molde.
Media masa.
Fainá.
Y una nueva institución social: la pizzería porteña.
Ya no era solamente una receta italiana. Se había convertido en parte de Buenos Aires.
La pizza argentina encontró su propia personalidad
Una pizza napolitana tradicional suele tener un centro fino, borde desarrollado y una cocción extremadamente rápida a alta temperatura.
Buenos Aires tomó aquella influencia y creó sus propios estilos.
La pizza al molde es alta y esponjosa.
La media masa tiene menor altura y una miga característica.
La fugazzeta convirtió cebolla y queso en protagonistas absolutos.
Y la fainá, elaborada con harina de garbanzo y de origen genovés, se transformó en compañera inseparable de una porción de pizza. El propio sitio oficial de Turismo de Buenos Aires describe estas preparaciones como parte del diccionario pizzero porteño.
Italia puso la técnica. Argentina creó una cultura.
Y quizás esa sea la parte más interesante de la historia.
La pizza argentina no pretende reemplazar a la italiana.
Es su descendiente.
Una cocina creada por inmigrantes que conservaron sus recuerdos y, al mismo tiempo, fueron construyendo algo nuevo a miles de kilómetros de casa.
En Patragonia esa historia nos representa especialmente.
Nuestra pizza nace de la técnica de inspiración napolitana: masa trabajada con tiempo, masa madre y horno de barro a leña.
Pero nuestra identidad es profundamente argentina.
Por eso en nuestra mesa conviven una Margherita con una Fugazzeta, una pizza de autor con una porción de fainá, una empanada argentina con una milanesa.
Nápoles puso el origen. Buenos Aires le dio otra identidad. Y en Patragonia quisimos traer un poco de ambas a Lima. Bienvenidos, esperamos que lo disfruten



que buena historia,