Fainá: el acompañamiento argentino que desconcierta hasta que lo probás

Si nunca entraste a una pizzería porteña probablemente ocurra algo extraño cuando alguien te diga:
“Pedí una porción de fainá.”
La primera pregunta suele ser:
¿Qué es eso?
La segunda llega después de probarla:
¿Por qué nadie me había contado antes?
Primero: la fainá no es pizza
Se prepara principalmente con harina de garbanzo, agua y aceite.
Tiene una textura y sabor completamente diferentes a una masa de trigo.
Y sin embargo, en Buenos Aires pizza y fainá llevan décadas compartiendo mesa.
La tradición tiene raíces genovesas. El sitio oficial de Turismo de Buenos Aires identifica precisamente a la fainá, la fugazza y la fugazzeta como preparaciones cuyos nombres y antecedentes están vinculados a la antigua cocina de Génova.
¿Cómo terminó encima de una pizza?
Porque los inmigrantes no viajaron solamente con recetas.
Viajaron con costumbres.
Y Argentina terminó mezclándolas.
Con el tiempo apareció una de las combinaciones más porteñas que existen:
pizza + fainá.
Algunos comen primero una y después la otra.
Pero existe otra escuela.
Colocar la porción de fainá directamente encima de la pizza.
Eso se conoce popularmente como comerla “a caballo”.
¿Por qué funciona?
Porque son dos texturas completamente distintas.
La pizza aporta elasticidad, tomate, mozzarella y el tostado de la masa.
La fainá incorpora el sabor profundo del garbanzo y otra estructura.
Juntas generan algo diferente.
No es una combinación sofisticada inventada por un chef.
Es cultura popular.
Y ahí está justamente su encanto.
Una pequeña prueba de argentinidad
En Patragonia decidimos incluir fainá porque si queremos contar una parte de la cultura de las pizzerías argentinas, no alcanza con poner una bandera en la pared.
Hay que contarla en la mesa.
La próxima vez que pidas pizza, probala.
Podés comerla sola.
Podés alternar bocados.
O podés hacer lo que haría más de un porteño:
ponela arriba de la pizza y no hagas demasiadas preguntas.
Después hablamos.



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